15/11/09

De paseo por mi ciudad

Patio del Santuario de Nuestra Señora de la Cinta

A la vuelta de mi visita ordinaria al hospital, rechacé el autobús, decidí hacerlo caminando hasta llegar a mi casa. Hospital y mi casa, están a ambos lados opuestos del perímetro urbano, vamos, que cada uno esta de punta a punta de la metrópolis. Lo hice con la intención de observar las calles, la gente, el trajín frenético, o no, de la vida urbana. Haciendo acopio mental, de todas esas imágenes que como flashes, penetraban en mi cerebro, quería mirar las tantas veces vistas, las mismas escenas cotidianas de la urbe donde habito. Verlo todo, con ojos nuevos, como vemos un lugar de donde somos forasteros. Así, vi, unas perspectivas ¿nuevas?
Dos mujeres que encienden un cigarrillo, delante de mi, tirando el vacío paquete de tabaco al suelo, teniendo mas allá, una papelera, e incluso unos contenedores de basura en la esquina cercana a ellas. La mas morena, racialmente, se mete la mano por encima de la camisa, y se guarda algo en el sujetador que lo mismo pudiera ser, un mechero que un rollo de billetes.
Doblo la esquina antes de llegar al hotel, y veo, como dos mujeres de edad que para mi, sobre pasan la treintena se besan en la boca, pero lo hacen sin llegar a la obscenidad, me ven que las he visto, y yo trato de darle a entender, sin ningún gesto por mi parte, que a mi eso no me sorprende. El semáforo por donde voy a pasar, esta colonizado, como todos, por un hombre joven de color, hace unos años eran rumanos, que atosigan a los automovilistas, queriendo venderles pañuelos de papel recurriendo a la lastima.
El día es estupendo por las aceras donde pega el Sol, el calor te pica y por donde la sombra domina la calle, hace frío, es aquí donde está la amplia puerta del Mercadona del distrito, en la sombra, en el frío, y unos gitanos venden ropa en la misma puerta del establecimiento comercial, vociferando su mercancía.
Cruzo la avenida por el otro semáforo, el mas alejado, y tras pasar la esquina, un hombre de mi edad mas o menos, vacía el cenicero de su coche tuneado, sobre el bordillo de la acera, me mira que le estoy mirando, y leo en sus ojos que le importa una mierda lo que yo piense.
En el pequeño parque infantil de madera, de diseño pos moderno, puedo leer grafitis casi ilegibles, hechos con exprais comprados, bien, en cualquier tienda de manualidades, tanto como en una de pinturas en general, es obvio que ha sido pintado por algún joven, son modas de gente joven. Estos no pueden beber alcohol, no pueden fumar, por ser menores de edad, pero ese niño, o niña, si puede abortar y ensuciar las paredes de los edificios, o incluso los monumentos locales, con el exprais adquirido y sin necesidad de identificarse.
Están montando sobre la rambla unas carpas para la feria de no se que. Debo dar un rodeo para no despellejarme los tobillos, con los hierros esparcidos sobre el acerado terraplén. Ya estoy en el Barrio Reina Victoria, un vomito delata que alguien bebió mas de la cuenta durante esta madrugada. Mas adelante, donde la curva se hace mas pronunciada y cuesta arriba, una vez mas, se ve la señal de otro aparatoso accidente, y este debe ser serio al juzgar por las señales del frenado, los cristales en añicos y la farola que no está y el naranjo yace en el suelo. Frente a mi, el escaparate de la librería de mi barrio, veo el cartel de un anuncio de la presentación de un libro en la Casa de la Cultura, con el motivo de un premio literario: “Rafael R. Costa novela. El niño que quiso llamarse Paúl Newman.” Ya está a la venta, entro y lo compro.

13/11/09

Sobre mi maestro de karate






En mi anterior entrada sobre el karate, fue breve desde luego, creo que prometí hablar algo mas sobre el tema; pues bien quiero que conozcáis algo de mi maestro, y nada mejor que la transcripción de una entrevista.A mi el arte marcial del karate, me ha servido de mucho, sobre todo a cultivar la constancia, a aprender a ser paciente, y a que las cosas se consiguen con el esfuerzo que tu hagas en el día a día, nada se consigue por que si. La etiqueta en el dojo, no el gimnasio, te infunde carácter, humildad, y modula tu espíritu al respeto hacia los demás. Pero supongo que esto es posible cuando se tiene la suerte de ser alumno de un maestro como Don Deogracias Medina, que disfruta impartiendo clases de Shito Ryu, que sabe transmitir ese legado de los antiguos maestros japoneses, viviendo el karate como una filosofía de vida.Breve cuestionario a los profesionales de las artes marciales en AndalucíaEsta vez entrevistamos a Deogracias Medina Delgado, profesor de Kárate estilo Shito Ryu en el Centro Deportivo OLBA de Huelva que tiene 45 años.¿En qué año empezó a practicar Artes Marciales?Comencé a practicar artes marciales en 1970, con 15 años.¿Cuántos profesores ha tenido y cuál le influyó más?-He tenido varios y, desde mi punto de vista, la suerte de que todos han sido de aquella primera oleada japonesa que llegó a España y que forjó a la primera generación de karatecas que ahora son los pesos pesados de la Federación, séptimos Danes y demás, y a la siguiente hornada pertenezco yo.El primer profesor fue Kozo Mizoguchi, el segundo Yosihito Sakai, el siguiente Sogi Saito, luego Sukui y el último, y el que másnfluyó Yosiho Hirota, el cual ha fallecido este año 2000, el veintidós de junio, a la edad de 52 años. Esta muerte tan inesperada me afectó profundamente, pues esta persona fue mi maestro y además mi segundo padre. Asimismo lanzó el Shito Ryu en toda Cataluña, y en España era uno de los grandes de este estilo. Al margen de esto y desde un punto de vista humano era una persona con una enorme capacidad de trabajo y una humildad que le hacían destacar por encima de los restantes japoneses que conocí. Esta humildad parece inherente a la práctica de las artes marciales, pero no siempre es así. El maestro Hirota realizaba gran parte de su trabajo desde la discreción que señala a los grandes, a los que no viven del reconocimiento público sino del fruto lento y sólido de su trabajo diario. Y mi manera de recordarlo y de seguir su enseñanza es trabajar desde esta discreción y con la imperecedera ilusión que él me supo trasmitir. Al margen de esto he practicado cuatro años Goju Ryu y conozco al maestro Yosuke Yamashita, que tiene un enorme prestigio a nivel nacional y que es una persona muy entrañable. También quiero reseñar que esperamos pronto y con una gran ilusión al maestro Kenei Mabuni, hijo del fundador del Shito Ryu. Vendrá con el maestro [Photo]Nakahashi que es su representante en Europa.¿Cuándo alcanzó el cinturón negro?En la temporada de 1977-78.¿Recuerda alguna anécdota de este día?Anécdota exactamente no. Pero algo que aún hoy me intriga, tras pertenecer yo a muchos tribunales, es que los examinadores me pidieron la ejecución de un kata y a los pocos movimientos me mandaron cortar y comenzar otro diferente. Lo cual hice con toda diligencia y al parecer con eficacia pues aprobé sin mayor problema.Títulos o cursos diplomados que tiene.Soy Cinturón Negro 6º Dan y Entrenador Nacional. Aunque en este momento no lo tengo actualizado soy Juez Mundial de katas y Árbitro Internacional de kumite. Pero a nivel nacional sí tengo vigente mi titulación de Juez y Árbitro Nacional, pertenezco al Tribunal Nacional de Grados, Instructor Nacional de Defensa Personal... y creo que nada más.Pero ¿ha competido alguna vez en España o fuera de ella?¡Ah eso¡ -sonríe- he sido campeón de España. Varias veces campeón y subcampeón de Europa y a nivel mundial una medalla de bronce en Madrid en el año 80, tercero del mundo, vamos.¿Cuáles son sus metas profesionales a corto plazo?La verdad es que no me lo planteo, pero fundamentalmente seguir enseñando Kárate y difundiendo el estilo Shito Ryu en Huelva. Este año he comenzado las clases en el Polideportivo de Gibraleón y allí tengo desde niños que no saben ni ponerse el cinturón a adultos. Como comprenderás, esto -después de treinta años practicando Kárate- es bastante duro, pero lo hago con mucho cariño y con un gran deseo de ir sembrando la semilla de las artes marciales en esta parte del país.¿Y a largo plazo?Pues a largo plazo es intentar no quitarme nunca el kimono. Morir con el kimono puesto. Enseñando y siendo querido y respetado por los míos.¿Cuáles son sus principales aficiones?Tengo amigos que me tientan para aficionarme al golf, pero prácticamente no tengo tiempo. He hecho de mi afición, el Kárate, mi profesión, por lo cual nada me llena como esto.Una razón para practicar deporte.Que es salud y bienestar. Sin ir más lejos tengo dos hernias discales y con un buen trabajo de estiramiento y de tonificación muscular, pues lo voy llevando sin pasar por el quirófano.Un consejo a los principiantes.Paciencia y tesón.Una recomendación a los veteranos.Pues, como decía esta mañana en el curso que hemos hecho aquí, en Málaga, sobre técnica y katas, el Kárate no es algo muerto, sino que es un elemento vivo en el que hay que saber descubrir cada día algo nuevo.Hay gente que todo lo concentra en lo económico. El Kárate es mi medio de vida, no lo voy a negar, pero amo al Kárate y vivo diariamente a la búsqueda de "mi" Kárate, del Kárate que no ve nadie, del que veo solo para mí. Por otra parte uno va planteándose metas sucesivamente. Yo me acuerdo que cuando conseguí el Cinturón Negro creí haber tocado el cielo y cuando el director del Gimnasio me invitó a cenar y me preguntó que planes tenía, le dije que ser campeón de Cataluña y de esa manera me fui poniendo metas y llegué bastante más allá. Cuando dejé la competición tenía una muy clara que era ser árbitro mundial para ayudar en lo que pudiera al Kárate español y así ocurrió durante un tiempo. Ahora la etapa que tengo ante mí es difundir el Shito Ryu y buscar cómo enriquecer el estilo que practico. Sé positivamente que da mucho de sí y quiero compartirlo.Lo que no encuentro hoy día es aquel amor a la alta competición que nos hacía entrenar cinco y seis horas diarias en las preparaciones de los campeonatos. Sábados y domingos incluídos. De la misma manera y según veo, hoy día hay muchos profesores de Kárate, pero no se ven maestros. Profesor es el que enseña una técnica, maestro el que enseña un modo de vida.Con estas palabras ponemos el punto final a una enriquecedora conversación con un maestro itinerante llamado Deogracias Medina. Por: Salvador Palomo

25/10/09

La muchacha semidesnuda




La larga valla de madera que delimitaba al barrio con la fabrica de maderas, le sobrepasaba en altura mas de medio metro. Lo tenía comprobado a ojo de buen cubero, porque era más o menos igual de alta, que la alcayata de donde pendía el mapa físico de España de su clase. Supo una vez que el amarillento y gran mapa estaba colgado a dos metros del suelo, cuando hicieron ejercicios con el Sistema Métrico Decimal, por lo tanto, esa valla era de dos metros de alta. Le gustaba cerrar los ojos y caminar en línea recta,en paralelo a las enfiladas tablas pintadas de verde durante unos segundos. Ya era capaz de seguir sin tropezar un buen trecho, más de quince segundos sin hacerse trampas,él medía esa minúscula fracción, contando mentalmente del uno al quince.
Cuando por las tardes, al regreso del colegio, el sol estaba al otro lado de esa enfilada línea de tablas verdes, y la luz solar penetraba por entre las rendijas, proyectando cientos de sombras oblícuas en el suelo, éstas, parecían hacer una alfombra extendida en el irregular suelo de tierra, alfombra de sombras con bigotes de hierbas, a los pies de aquel cerramiento donde, desde hacía ya años, casi apenas tenía movimiento. Cuando cerraba los ojos, en los párpados sentía los intermitentes golpes de luz solar al pasar por entre los espacios abiertos que dejaba cada tabla entre si, esto hacía que viese una anaranjada luminosidad, le gustaba, el color naranja que el veía podía ser intenso o casi inapreciáble según brillara el astro ese día. Y si alguien se cruzaba con él, podría verlo sin abrir los ojos gracias a la opacidad que recorría entre el colorido fondo.

17/10/09

el subdito argentino

La cara del operario era, como de incredibilidad; lo que al principio parecía ser un muñeco, o un retortero de ropas, al borde de la carretera, era en realidad un hombre. Un hombre muerto, en la cuneta. Sus piernas le temblaron desde ese momento sin poder controlarse, las rodillas flojas, no les respondían, quieto, casi paralizado. ¡A él!... ¿Pero por que a él? ¿Le tenía que suceder esas cosas? Levantaba las manos, dando señales a su compañero, que desde la otra orilla de la carretera, avanzaba en la misma dirección que él. Asperjaba las aguas de llúvia, no le veía, estaba de espaldas y más adelantado. Tenía prisa por acabar la taréa.Las aguas de los chaparrones del mes de Febrero y sobre todo, las de la pasada semana, fueron lo suficiente como para dar problemas larvarios de mosquitos, estos insectos tan típicos, como indeseados de la orografía onubense.Las horas de Sol de esos días, provocaban el suficiente calor, como para que la eclosión de las puestas, y por tanto,la proliferación de las larvas de los culícidos, surgieran mas rápido de lo normal, debido al recalentamiento de la concavidad del terreno, que proporcionaba esa hondonada a la largo de carretera. Al final, de muchos intentos, Antonio Jesús, acertó con silbarle, y le salió un débil y agudo, aunque escaso, sonido de entre suslabios.Rápidamente se dió cuenta Juan Carlos, que algo serio pasaba. Se giró y se unió a él con pasos rápidos. _ ¡Otras, Pedrín! Un muerto, ¿y ahora que hacemos? _Pues llamar al capataz ¿no? O a la policía…o yo que sé, pero aquí, no lo vamos a dejar. Respondió Antonio Jesús Mirándole a los ojos, como diciéndole, ¿eres tonto o qué? _ ¡Joder!… con la prisa que tenía yo hoy. Se quejó. _ ¿Y eso que tiene que ver? Se sorprendió de la inesperada salida de su compañero. Él era así, “cuando menos te lo esperas te suelta una patochá” se dijo en sus adentros. _ ¡pues coño! Que un amigo mío, vio un accidente en la playa, de uno que, se clavó un arpón en la frente y la poli, lo tuvo allí, por lo menos tres horas cogiendo datos, esperando al forense. Y ahora, no son ni las doce y media de la mañana. ¡Copón¡ _ Pero piensa…ver esto y no avisar a las autoridades es como un delito, y nos puede traer problemas más serios, que el hacer tus recados de todo los días, ¡cojones! Decidieron llamar a su capataz a través del walkie, recogiendo las mochilas en el Citroën C 15, de color parecido al café con leche. Al cabo de media hora, llegaba el capataz con ropaje más própio de los del National Geografic, que de un simple prospector contratado por meses. La motocicleta de todo terreno, la segunda que le asignaron en menos de doce meses, hizo un brusco, quiebro sobre el alcen, el “Halcón milenario” como se le apodó, por parte de los compañeros, acostumbraba a dar esas infantiles y gratuitas exhibiciones, ya se cargó una moto, antes de finalizar la campaña anterior, la primera en la que el Servicio de control de mosquitos la puso en marcha. Pero no importaba mucho, eso lo pagaba el contribuyente. Una hora y cuarto tardaron los policías en aparecer, pero tanto la nacional, como la municipal, aunque ellos, habían avisado sólo, a lo nacional. ¿Como se enteraron los municipales de que había un cadáver allí? Los dos operarios y el capataz, atónitos, a lo que parecía una discusión entre policías, de distintos cuerpo, por adjudicarse el caso del muerto en la cuneta. una surrealista escena própia del cine italiano, de finales del sesenta. _la polla en vinagre tío, esto es la polla en vinagre. Replicaba Juan Carlos. A sus compañeros, en voz baja. _ El título de esto se podría llamarse “Me debes un murto”. Sugirió Antonio Jesús, con burla, ante lo patético de la situación. A pesar de ser el mes de Marzo, ya hacía calor aunque, aun quedaría frió y lluvias por devenir. En la avenida Italia, de la capital onubense, hacía calor, bastante calor, y el relój de la estación de ferrocarriles, curiosamente, marcaba bien la hora: eran las cinco y veinte de la tarde. Los dos agentes del Juzgado de Instrucción y Primera instancia, número tres, bajaron del coche, que paró en la esquína del edifício entre, esta avenída y la calle Rábida, donde la iglesia de La Milagrosa, permanecía encajonada, embalada en un sostén madera desde hacía ya muños años, por amenaza de ruínas y dejando que se destruyera impasiblemente, así, un edificio tan emblemático, como hermoso, en una ciudad de la que, precisamente carece de monumentos y edifícios de interés arquitectónicos. El vehículo que les dejó allí, prosiguió su camino. Los agentes llamaron a la puerta de aquel comedor social de la consejería de trabajo y Bienestar social, perteneciente a la Junta de Andalucía, de estilo casi colonial y austero en sus líneas, de una sola planta y de blancas paredes,recordaba perfectamente a la Huelva provinciána de hasta hace poco. Institución que regentaban unas religiosas. A dicha institución benéfica, heredera de la ya, afortunadamente desaparecida, Auxilio Social, donde acudían a desayunar y almorzar los ingentes y personas desahuciadas de la sociedad. Fueron atendidos por la hermana Consuelo Fernández, una de las encargadas. No puso reparo alguno. en acompañarles al deposito mortuório del hospital Infanta Elena de la capital. para que pudiera reconocer a una persona, y que, según las noticias de la policía, tras unas llamadas de teléfono, y a raíz de la publicación de las fotografías en el “Huelva Información” del día anterior correspondía, casi con seguridad; a uno de los usuarios de dicha entidad benéfica. La monja, una de las pocas personas que trabó amistad con el desdichado, contó que, lo que más le dolía del asunto era que, el pobre padeciera una agonía tan larga y en soledad, _ Si hubiera sido recogido por alguien, estando aún con vida, quizás no se hubiera salvado, pero al menos, habría tenido la oportunidad, de morir en una cama. Sus palabras salían desde lo más profundo de su convicción cristiana, élla, que estaba acostumbrada a ver el dolor, en el alma ajena. La hermana Consuelo, no mostraba en su rostro sorpresa, al confirmar la identificación del cadáver, con los años, las monjas adquieren una especie de coraza inmune a las tristezas diárias de esta vida. Pasillo abajo que la conducía al exterior, iba la religiosa seguida por los enviados del Juzgado número tres. Según el informe médico forense, firmado por Don Torcuato Ezequiel, quien realizó la autópsia en su día al cadáver, se pudo constatar que, el suceso ocurrió sobre las diez de la noche. Parecía ser que el cuerpo trás recibir el golpe, Cayó a la cuneta, lugar donde permaneció hasta que fue hallado por los operarios del servicio de control de mosquitos de la Diputación Provincial, durante diez horas mantuvo una vida agonizante. El médico forense calculó que la muerte, le sobrevino sobre las siete de la mañana, el cadáver del desgraciado identificado como, Abelardo Calixto Benítez, fue levantado por el juez sobre las doce y media de la mañana. Efectivamente; Las declaraciones realizadas por el hombre detenido esa misma tarde, por la Guardia Civil, presuntamente implicado en el accidente, coincidía con los resultados del estudio forense. El suceso según se pudo constatar ocurrió sobre esa hora señalada, cuando J.M.H. circulaba en su furgoneta por La Nacional 431, concretamente en el punto kilométrico 633,100. El conductor había declarado que se había apercibido de un golpe, y que detuvo el vehículo, pero no vió nada, decidiendo así, seguir su camino.La hipótesis del atropello que fue la más barajada, desde un principio, como probable causa, a pesar de que no se contaba con testigos de los hechos, por los alrededores del puente de La Nicoba. El juez encargado del caso, ordenó el ingreso en prisión de la persona detenida, en el presunto accidente, hasta que se aclararan los hechos. El titular del Juzgado numero trés, encargó la investigación, sobre la muerte de este argentino, para que se consiguiera el total esclarecimiento del caso. Alberto Calixto Benítez, era, según las conclusión de la investigaciones, profesor de karate antes de llegar a España, y de eso hacía aproximadamente seis años. Había ejercido ya esta profesión, en Málaga. Como no podía pagarse la vída con este trabajo, y no tener los papeles en regla se acercó a Huelva. Por aquellas fechas el argentino, vivía en la calle Puerto, en una casa, concretamente, en el numero catorce, por que su propietária le había brindado su hospitalidad, al observar ésta, que era una buena persona. Mendigaba a las puertas de las iglesias, y que se trataba de una persona profundamente religiosa. Con el dinero que recibía, pagaba el alquiler de la pensión, había cambiado varias veces de hostales por no agradarle el ambiente _” Porque no las encontraba decentes, ni acordes con su religioso espíritu. En el último lugar que estuvo, si se encontró más contento con sus convivientes. ”El súbdito argentino había sido una persona conocida en las calles céntricas de esta ciudad, y por las localidades cercanas a esta como San del Puerto, Moguer o Trigueros. Últimamente era acosado por un grupo de jóvenes que se empeñaban en calificarlo, de homosexual, y en cámbio, ésto, no le atemorizaba seguir con sus largos paseos, en los que él reflexionaba, a pesar de aconsejarles quienes le apreciaban que no anduviera solo. Él aludía que sus conocimientos en las artes marciales, le preservaban de este tipo de personas y saldría victorioso. El informe era mas extenso, y burocrático como todos los que se abren trás una investigación, el juez titular no siguió leyendo lo cerró y a apiló sobre su mesa, junto a otros pendientes. En el centro de trabajo, un amplio almacén desprovisto de vestuarios adecuados, para los casi la treintena de personas, que allí se congregaban en horas determinadas, y ausente del mobiliário necesario para algo tan usual ,como sentarse para cambiarse de ropa de faenas. por no haber no había ni asientos para los obreros.Tras el regreso de los trabajadores, de una jornada dura de asperjar aguas de lluvia, fumigar jardines, desbrozar caminos en las marismas y cunetas, o de patearse kilómetros de espartinas, revisando las aguas de las anteriores mareas, llegaba el relajo y los corrillos de amíguetes, siempre afines en sus tendencias. Estos grupitos se hacían a lo ancho de aquel almacén “prestado” por otro servicio ajeno al de ellos. Comentaban algunos, la crónica del cadáver de la Nicoba, que de nuevo salía en el periódico, pero que ese día daba buena y más amplia información, sobre este suceso. Luís se acercó a Antonio Jesús, que colgaba la mochila y los botes de productos químicos aniquilantes de las larvas, o quizás, no sola de ésta, a mas largo plazo tal vez hasta la de ellos. _ ¡Oye¡ me ha dicho el capataz que mañana nos vamos los dos juntos a La Ribera, porque Juan Carlos no viene. _ Si, así es, ha pedido el día de asuntos própios. Y bajando la voz, haciéndole un ademán, para que se acercara le espetó._no te apures que ya esta todo hecho, solo hay que repasar la zona. Luís sonrió, y se marchó al vestuario en busca de su taquilla. ======================================== Desayunaron donde casi siempre, en el salón recreativo de la calle Isla Cristina. Luís buscaba entre el montón de los periódicos atrasados que los camareros dejaban al lado de la puerta. Encontró Luís el que buscaba, el de ayer, del que hablaban sobre el caso del ingente argentino, se lo pidió a Lucas sin balar con un ¡shsss! Y un sólo gesto alzando el brazo con el ejemplar en las la mano, para no vocearle desde esa distancia. Lúcas no tuvo reparo en darle su aprobación, de todas formas: hoy o mañana se tirarían a la basura todos esos periódicos. Pago la cuenta Antonio Jesús como casi siémpre, y antes de montarse en el Renault, se aseguraron de que no les faltaban ni las mochilas, ni los productos del remolque al descubierto, donde transportaban los enseres de las labores. _¡Quillo! te veo meditabundo, a penas has hablado hoy ¿haber, que te pasa? Llora sobre mi hombro, y desahógate. Bromeó Antonio Jesús. Luis, sacó un Ducados lo encendió y después de reírse, le respondió: _ Es por lo del hombre éste, que tanto hablamos, ¡que historia mas triste tío! _Pues venga léelo en voz alta y así, haber si nos enteramos, que es lo que pasó, uno está en la cárcel ¿no? Parece ser. _ sí ahora lo leemos, aquí cuenta con más detalles la historia. _“Abelardo Calixto Benítez, era profesor de karate. Antes de llegar a Huelva, hace aproximadamente seis años, había ejercido esta profesión en Málaga.”. Leía en voz alta el periódico Luís, mientras se desplazaban a la zona de trabajo que según el parte de hoy, respondía a La Ribera. _”actualmente, según comentó en varias ocasiones Consuelo Fernández, una de las monjas que atiende el comedor de la Junta, en la avenida de Italia…” _ O sea, que el tío, era karateca vaya, por eso te llamó a tí tanto la atención, yá, yá. ¡Sigue, sigue!…Espetó Antonio Jesús con algo de mas curiosidad. _”…y gran amiga suya. No podía ganarse la vida con este trabajo, por no tener legalizada su estancia en España. Por esta razón, uno de sus objetivos principales era, conseguir la legalización española. Luís dobló el periódico y seguía leyendo sin demasiado esfuerzo a pesar de los traqueteos del viejo automóvil. “-…ya llevaba años suficientes para que le dieran los papeles…” _claro por eso mendigaba según oí decir a esta gente. _ Si al parecer optó por mendigar en las barriadas de Huelva. Pero sigamos con la lectura como en los tiempos antiguos,¡ja, ja! uno leía (el que sabía, claro) y los otros les oían. Luís quiso teatralizar el momento, pero sin intentar ofender la memória del argentino. _”…todos los días se traslada hasta una de ellas, para solicitar ayuda de sus vecinos. Con lo que conseguía se iba costeando la pensión. Consuelo Fernández ha calificado a Abelardo Calixto, como una persona, profundamente religiósa, casi un místico…” _ ¡Joder! Cada hay personaje deambulando por esta vida, que ya… ya… Luís siguió leyendo la crónica del periódico.”… diariamente se postraba delante de la Virgen para rezar. Se consideraba un gran pecador a pesar de ser una buena persona…” _Esto lo esta diciendo la monja ¿no? _Si, así es. Respondió. Luís. Durante un buen trozo, no leyó en voz alta, y esto hizo qué, Antonio Jesús le diera un manotazo en el muslo. _ ¡Quillo! que me has dejado a medias, ¿esto es el intermedio? sigue…Y Luis prosiguió “… En relación con su ceguera, que padecía en uno de sus ojos, era que estaba pagando sus pecados, y cuando Dios considerara, que había concluido su penitencia, volvería a ver…” _ desde luego tiene todos los ingredientes, de un personaje raro de novela de Valle Inclán. Respondió Luís a su compañero que seguía conducido y advirtiéndole con gestos, que ya estaban llegando al lugar. _ Espera ya término sólo me queda este trocito de aquí. Señaló Luis con el dedo índice derecho a una parte de la última columna. _”…acostumbraba a dar largos paseos nocturnos porque decía que en ellos, se encontraba con el Creador. En uno que le llevaba a San Juan del Puerto halló la muerte, como su vida estuvo rodeada por el misterio, fue difícil; diez horas transcurrieron hasta que se fue de forma definitiva…” Con la bolsa de deportes al hombro, Luis salió del coche, en silencio parsimonioso. Antonio Jesús Seguía a Luis .Que también permanecía sin hablar, delante del Renault se paró y señaló un lugar de la vaguada, _Aquí, más o menos aquí, estaba el cuerpo de ese pobre, Luis miró alrededor y buscando algo, bajó la cuneta y empezó a recoger algunas flores, pero solo algunas, como seleccionándolas, de las que encontraba al paso. Flores silvestres, bravías que parecían hoy más bellas que ayer, y sin embargo eran las mismas y vulgares de siempre. Hizo un ramillete surtido de esas flores, regresando tranquilo al lugar y cuando llegó, donde sus compañeros hallaron al súbdito argentino se agachó sacando un cinturón color negro de karate, lo depositó ceremoniosamente en el suelo y le coloco unas piedras encima, como intentando así, que perdurara mucho tiempo guardado, y encíma ,las flores ,coloristas, simples, y honestas de las cunetas. Durante todo ese ceremonial, Antonio Jesús, no habló, solo observó, en siléncio regresaron al coche, reanudando la marcha en sentido inverso. A la memoria de A. C. B. Súbdito argentino.

DINO… ¡Adiós!
“Hoy puedo escribir los versos mas tristes,” escribió Neruda, si es que la memoria no me falla, o mi ignorancia, no me confunde. Eso mismo pienso yo querido amigo, hoy, ahora te escribo en tu agonía mientras oigo a Grieg en su Pert Gynn, y precisamente la parte en la que describe la mañana, una mañana que podría ser la de cualquier día, pero ha sido la de hoy , la que el destino ha querido que sea tu ultimo amanecer.
Te oía ladrar, o mejor dicho, oía ladrar a un perro desde la calle, que resultó ser tú, que me estabas llamando o estabas llamándonos. No baje, un timbre en la puerta vino a darnos la mala noticia. Tu poca vista a consecuencia de avanzada edad, y la torpeza de tu caminar a consecuencia de otro atropello tiempo atrás, se aliaron contra ti.
La veterinaria diasnogticó tu mal y consentimos lo que de corazón y nuestra mejor conciencia dictó.
Viejo amigo, prolongación de mi familia, depositante de tantos consuelos, tú, que viviste lo mejor, y a veces lo menos bueno de nuestro devenir. Solo deseo Que Dios te reciba, te haga sentir feliz allí, donde estas, porque que supongo no te hayas ya entre nosotros, Nuestro querido amigo Dino gracias por tantos momentos de vida que nos regalestes y tanto acompañamiento me diste en mis males. Cuanta entrega sin condiciones durante tu vida entre nosotros. Nos quedaremos con tus mejores momentos, permanecerás vivo en nuestras memorias, y a veces se nos olvidara que ya no estas, pero seguirás llenando el vacío de tu físico, con tu recuerdo.
Un abrazo, un beso, unas interminables caricias, que todos te damos desde lo mas puro de nuestra alma.
17 de octubre 2009

6/9/09

Regreso al tatami

Cuanto tiempo sin escribir en mi blog, este claro está, y es que me sucedia que no se por que rara circunstancia no podía acceder a poner mas entradas, a veces la tecnica informatica y yo, somos incompatibles,¿ a veces? ¡siempre¡
En todo este tiempo, he hecho muchas cosas, adaptarme a mi nuevo puesto laboral como encargado de almacen,SI, eso dice el decreto de la Exma presidenta. Tambien he tenido tiempo Furia de conocer nuevas gente, es decir hacer nuevas amstades, enre ellos al ex director de la revista de artes marciales "DOJO" que lamentablemente ya no existe en el mercado y supongo ahora estos números de mas de 35 años en los quioscos seran mas cotizados. Yo en partcular tengo varios años encuadernados de este magazin, otros por encuadernar y lo haré ya mismo. Hemos hablado por teléfono los dos fans de Bruce Lee, y a veces intercambiamos, imagenes, estoy a la espera de recibir el cartel original en España (diguitamente) de la pelicula Furia Oriental, el que tengo no vale nada en calidad de imagen.
Y he vuelto al dojo, al de verdad, es decir al tatami, con el maestro Deogracia de todos conocidos,peo pienso tomarmelo con calma, he bajado muchisimo nivel, ¡mucho! desde el año 2005 que no hacia nada de karate, a raíz e mi enfermedad, y todo ese proceso que conlleva el tratamiento, pero bueno lo importante es que estoy aqui ¿no?

1/6/09

la Rompeplatos


-¡Que si mamá! que es el verde, el que tiene lo que raspa por un lado, y la esponja por detrás, ¡ya lo se!... El que tiene la forma como redondeada, no, ese no, el otro, el cuadrado. ¡Que no soy tonta, que estoy harta de velo en la cocina. Le decía su hija aguantando la puerta entre abierta de la calle, a su mamá, Laura Lía Luciana la triple “ele”, según su marido cuando la quería cabrear. La niña cerró la puerta resoplando, como diciendo: siempre lo mismo ¡que pesada! Laura Lía Luciana, Mujer que rompía platos, con tal facilidad, como adjetivos incalificables, suelta la boca de un comentarista deportivo en una tarde de domingo. Se reía sola Laura Lía Luciana de las cosas que le pasaba a ella, se reía mientras fregaba los cacharros con su delantal de plástico con la Daysi, la novia de Mickey Mouse, pintada en la pechera, llegó una vez a pensar seriamente, si ir al médico, es decir al psicólogo, por que eso sería cosa de esa especialidad. Pero que ella era normal, ¡vamos, de eso estaba segura! ¡a ver! casada, con una hija, un marido trabajador y dando perejil a la vecina cuando venia (que era muchas las veces que lo hacía y no solo ya, por el perejil) ¡Esa! si esa vecina, ¡la misma! por la que aquel viernes se dejó convencer, sí, por la pedigüeña de María Pía, que así se llamaba, y entró por primera vez en su vida a un sex shop, por que a María Pía le daba vergüenza entrar sola, o con otra que no fuera ella. María Pía,¡que contradicción de nombre, pera una mujer tan despendolada.
Al final salieron de la tienda igual como entraron: con risa nerviosa de vergüenza, por si se encontraban con algún conocido o conocida. -¿y eso era malo? No, ¿No? ¡Ea! se decían ellas misma para auto convencerse de la naturalidad, que eran ya estos establecimientos, en cualquier ciudad moderna. Laura Lía Luciana compró un pene de silicona de color rosa insultante y unas bolas chinas de las que hace ya mucho tiempo, oía hablar. María Pía compró el mismo pene, es decir: el mismo modelo, pero en negro y una talla algo mayor, o al menos eso parecía debido al efecto óptico. Riéndose de las cosas mas tontas que comentaban entre ellas, se alejaron avenida arriba y entraron en el Mercadona, para comprar sobre todo champú, desodorante, pero sobre todo ,calcetines por que a la niña ya le hacia falta algunos, la puta lavadora tenía la costumbre de comerse uno de vez en cuando, y no había manera de recuperarlos, ¿donde coño se meten los calcetines? Eso si que es un expediente “X” Al salir del establecimiento, pitó la alarma, esa especie de columnas enfiladas en horizontal, encendió unas lucecitas rojas, pero no le hizo caso, por que al entrar sonó también.-¡Oiga señora! Sonó una voz autoritaria pero educada al mismo tiempo.- ¿Me enseña por favor la compra y los tickets de caja? mas que una pregunta era un imperativo, ella roja, de vergüenza y nerviosilla le dijo que si, abrió las bolsas de plástico y le enseño la compra. -¿Ve? aquí está y estos son los tiques que están ahí abajo de los calcetines. Decía ella al segurata de los cojones (esto lo pensaba ella) acomodándose el bolso debajo del sobaco, bolso grande con dos aros amplios a modo de asas.-¡Sí, sí, sí, ¡eso esta bien! pero a sonado por algo que hay dentro del bolso. Las rodillas no le sostenían de pie, y la frente le sudaba de momento, queriendo controlar la situación, trataba de explicarse diciendo que no había nada robado, pero ante la impertérrita actitud del sabueso cabrón ( eso pensaba Laura Lía etc.) no tubo mas remedio que abrir el bolso y mirarlo bién visto todo hasta que el cabronazo de chaqueta amarilla se convenciera, que lo que sonaba era una pegatina metalizada en una cajita de pastico luciendo un hermoso pijote ortopédico, que en el único sex shop de toda la zona donde lo adquirió, no le habían quitado el reclamo alármico (palabra que se me ha ocurrido a mi, ahora mismo). La gente de alrededor, que en estos casos haberlas las hay siempre, eran de todo tipo: quienes se reían del caso, hasta quiénes se compadecía de la pobre mujer en esa situación, y que no sabía donde meterse, pero que cuando encontrara el lugar adecuado, lloraría tremendamente, eso lo sabía ella que lo haría ¡digo!.
El marido no cesaba de reír cuando Laura Lía Luciana, le contó la desventura, el muy imbécil se reía, en vez de compadecerla se ría, el tonto, que eso que es lo que era, ¡tonto! Y monótono en la cama, monótono como lo es el fregado después de cada cena, de cada comida, monótono como pasar el cepillo diariamente a la casa. Ni siquiera tuvo la delicadeza que agradecer ese gesto de valor, de desinhibición que ella, ¡mujer casada!, quiso aportar una novedad a las relaciones sexuales, ¿pero donde se ha visto que un hombre sea agradecido con su mujer? Encima del sofocón del súper, de la risa tonta, insultante diría ella, el marido quería probar lo novedoso del juguete sexual,”Pepito” lo llamó el muy iEn fin! Sin saber como, ella accedió porque, desde luego no estaba para ese humor esa noche precisamente.
¡A ver!, seguro que le has puesto las pilas al revés, por que las mujeres para eso no aprendéis nunca. Decía su marido.-Pues mira tú aquí el ingeniero éste, que a lo máximo que ha llegado hacer en casa, es cambiar una bombilla. Eso es lo pensaba ella pero no lo decía solo le miraba como manipulaba el juguete erótico, como tocaba y retocaba, lo miró y remiró, hasta que como en el cuento del burro flautista, aquello sonó como una avispa en un cucurucho de papel, y vibraba.-¡Je, je! rió él todo resuelto, y satisfecho con su pequeña ración de ego. -¡Si! ¡Si, ya está… ¡Pues no! Esto otra vez se ha parado. Dijo ella cansada del puto chisme. El artefacto de silicona rosa imposible, pasaba de mano en manos de la pareja como la escoba en el baile, del concurso en la verbena del barrio. ¡Pues déjalo ya! mañana lo descambias y que te den el dinero. Propuso su marido (mas que propuso: impuso)- ¿Yo? ¿Y porque yo, y no tu espabilado?-¡Eso! Me presento allí y le digo ¡buenas! Que mi mujer compró este pijote de goma y no funciona. ¡Ala! Espetó sabiendo que mejor excusa no había, para librarse del engorroso encargo.- ¡Shissssss! La niñaaa… avisó en voz baja, pero con energía.
¡No! no había toallas en los percheros, eso no era nuevo, ¡que va! eso era un día no y otro día también no. A tientas buscó algo con que secarse, y lo halló, al menos se secó la cara con la sudadera que encontró sobre el bidé. En el ultimo de los tres cajones de esa hilera, el único cajón que le dejó su mujer de los seis, buscó los calcetines, que parecieron saludarles felices al abrirlo, saliendo por fuera como unos muelles, de lo apiñados que estaban, todos desparejados claro está. En la puerta metían prisas, todos los días la misma escena, casi el mismo diálogo, y en la cocina el olor de siempre a tostada casi quemada. Por el patio de luz del bloque, se oía al cabronazo del perro del no menos, cabronazo vecino, que ya lo dejó encerrado, por que él, tanto como su señora esposa (¡que asco de tía!) siempre tan estirada, ya habrán salido a trabajar. A cada timbrazo de llamada en el portero automático, bien sea del cartero, del de la publicidad de los cojones, o de quién se le ocurra tocar los botones del aparato, el perro ladra, pero no es ladrido suave, ¡no! son de esos que suenan graves, que si estás cerca del chucho, te vibran en el estomago como el retumbar de los tambores de Calanda. Antes de salir de casa, sonó el ¡tangaling! ¡crass! de otro plato, u otra fuente o lo que quiera que fuese echo de vidrio o porcelana, eso indicaba rotura de una pieza de la vajilla, ésa onomatopeya, era muy conocida por él, ¡bueno! por él y por todos los inquilinos del piso. No había manera de comer un día, con todas las piezas a juego, esa mesa era lo equivalente a la ONU, solo que, en lo tocante al menaje de hogar, había piezas de todo los colores. Antes de cerrar la puerta dijo:- ¡Adiós, me marcho al trabajo! Y como no esperaba respuesta de despedida, cerró bajando las escaleras, sin molestarse en averiguar si funcionaría el ascensor. ¿Para que? Seguro que estaría estropeado como casi siempre. -Así hago ejercicio. Se decía para auto consolarse.
Desde su portal al gimnasio, habría escasamente, trescientos metros, ¡si! Mas o menos, y ni uno solo, se le escapó, los vio todos, todos los culos de señoras que enfundadas en sus mayas, de marca por supuesto, fueron visionados y catalogados por él. Los clasificaba por categorías: éste respigón, aquel de allá escuchimizado. El otro de allí, caído, este de aquí este de aquí, ¡mmm madre mía! ese que hermoso culo ese si que…Pensaba en su catalogación culera. -¡Quillo! A donde vas tan pensativo, hombre, saluda a la gente. Le dijo un conocido, porque éste no era amigo, solo conocido, -¡Buenos culos ¡digo… buenos días, voy al trabajo, no como tú, Que desde que entraste en la empresa esa, has cogido la baja laboral catorce veces. Respondió, cansado ya de verle tantos días de esquinero, catalogando tetas, por que a éste, lo que le gustaba más eran las tetas.
Su jefe del almacén de ferretería, no le puso ninguna pega, claro que no sabía exactamente para que necesitaba media hora, o tres cuarto. Por que la excusa que le dio a su encargado, fue, que acompañaría a su mujer ha hacerse una resonancia magnética, que a ella le daba cosa ir sola.Entro en el sex shop, y de manera muy tímida y en voz baja, muy baja, le dijo a la dependienta que ese chisme no funcionaba bien, que le devolviera el dinero o que le diera otro. Se lo tuvo que repetir de nuevo, por el pudor no le dejaba vocalizar bien. La dependienta, ¡que nones! Que lo probaron allí, que allí se prueba todos los artículos antes para evitar eso, precisamente ¡Y que no! Además eso ya estaba usando, que como eso es cosa muy intima, no iba ha aceptárselo. –Pero… pero como vamos a saber, si esto funciona bien, si no lo usamos señora! Ya, las venas del cuello se le empezaban ha hinchar, y la voz le subió dos tonos, o tres. Al ratito, entró un negro en camiseta negra de tirantas, que no podía retener una exagerada musculatura, pendiente en la oreja izquierda, y un hombro amplísimo, tatuado, mirando por las estanterías como el que entró allí en la tienda, por casualidad, -¡Vamos hombre! Pensaba el marido de la rompeplatos. No sabía disimular nada ese matón de portero de discoteca. ¡Eso si! No dijo nada el hombre, ni mú. Exigió una hoja de reclamaciones, se la dio la dependienta previa llamada telefónica al dueño. -¡Ya verán ustedes, por que cuando yo me pongo, me pongo! Y conozco mis derechos. Amenazaba ese hombre con toda razón, ¿Cómo se sabe, si un juguete o lo que sea, funciona bien si no se usa, si no se utiliza? Calle abajo con el juguete erótico envuelto de mala manera en una bolsa del El Corte Ingles, para disimular, bajo el brazo, pensaba: - ¿Cómo coño voy yo a llevar una hoja de queja a la Oficina Consumo? _¡Miren ustedes!, traigo un pijote de goma que no me funciona, y no me lo cambian por otro en la tienda donde lo compré, ni me devuelven el dinero. ¡Pues menuda chufla, se montarían a mi costa! Sus pies como parte autómata de su ser, le llevaron de vuelta al trabajo.
Toda, pero lo que se dice toda la culpa, la tuvo esta vez, el reponedor del súper. Sí, ¡porque a ver! ¿A quién se le ocurre poner esa pirámide de latas de piñas en rodajas, de por lo menos tres metros de alta, casi en la esquina? ¿he? pues al él, al niño del súper que está en la edad del choco, la del pavo que se dice por ahí. Algunas latas rodando llegaron hasta la cajera, que no disimulaba su risa, al ver el desaguisado. Todo el suelo del pasillo, estaba de latas de piñas desparramadas tanto a lo ancho como a lo largo, el impacto del carrito que ella empujaba con prisas, fue lo suficiente como para no dejar mas, que el escombro, de lo que hacía unos minutos antes era una artística torre enlatada y amarilloide que anunciaba la oferta de la semana. Laura Lía Luciana se llegó a preguntar en ese momento, ¿Qué hago las recojo? ¿O me hago la cliente ofendida? giraba la cabeza mirando a todos y a todas las presentes, que igualmente la miraban a ella,¡joder cuanta gente! pensó y trataba de darse a entender, sin pronunciar palabra alguna, solo encogiéndose de hombros, y sintiendo calor en su rostro, ese calor que delata tu sentido del ridículo, viendose a si misma como en el fotograma de una escena cómica. Ni las frases hechas a las que solemos recurrir, para estos casos, fue suficiente para soslayar las entupidas risitas de alguien, que no pudo o no quiso saber quien era.
La niña se reía, ¡si, ya ves! No sabia casi sonarse la nariz aún y se reía, de lo que su madre contó durante la comida, su marido chicheaba pidiendo silencio por que no le dejaban oír las noticias, la del fútbol, claro está, en casa no se hablaba cuando se veia la tele, la tele se veia a cada rato,en esa casa el ¡Sssiss que no menterodeloquedicelatele! era la frase mas oida durante el dia.medio en clave Maria Lia hablaba en clve con su marido para que la niña no pillara el hilo del tema,-¿Descambiaste eso? El que? ¡ha! Si, si claro,pues menudo soy yo ¡vamos! ahí lo tienes en la habitación.

24/5/09

Servicio de Control de Mosquitos de Huelva










Cuando me tocó presentarme ate el resto de los compañeros que harían el mismo curso que yo, en la Escuela Largo Caballero de Córdoba, y solté aquello de que soy tal de cual, y vengo desde Huelva y trabajo en el servicio de control de mosquitos.Muchos pensaron que era una manera simpática de presentarme, sin saber que de verdad trabajaba en esto. Con unos veinte años dedicados a la tarea de luchar contra la plaga de culícidos, que aparte de transmitir seria enfermedades, y ser un autentico azote contra turismo provincial, hemos contribuido acabar con ese San Benito de los mosquitos de Huelva, esto ha sido gracias a la labor coordinada entre varios sectores, desde la política, la concienciación ciudadana entre otras. Hoy somos el mejor servicio de control de mosquitos de España, de entre cinco o seis,( no recuerdo exactamente) Somos quienes menos escatimamos en medios. tanto económicos, como técnico.Ahora bien, no me parece justo que a la vuelta de mas de veintiséis años de existir como tal se tire a la papelera de reciclaje memorística, a quienes sin medios adecuados,y en condiciones laborales, higiénicas y formativas labraron el surco donde por donde hoy, se recogen las siembras, de las felicitaciones, las enhorabuenas. Mis compañeros saben a quienes me refiero, pero ya habrá ocasión de hablar sobre esto. os dejo algunas instantáneas, de diversas facetas, en nuestras labores cotidianas, como la formación continua, las labores mecánicas en la zona, la duplicación de los distintos tratamientos etc etc.
El renaje e las zonas quese empantanan, facilicita la salida y etrada deagua, donde no permite que la puestas eclosionen.
El desbroce previo al drenaje es casi inprescindible.

para llegar als zonas concreta del trata miento hay que salvar grandes obstaculos, como los amplios esteros, hacieno pasarelas y puentes.

23/4/09

sentido común y crisis

imagen del blog educacion xocial

Ayer vi. en los informativos de la televisión, en concreto de Tele5, que Trafico pasaría los gastos de hospitalización, y demás dispositivos, en los casos de accidente, de motoristas, si son derivados por no usar cascos, por ir dos en motocicletas no homologadas para dos viajeros, etc. etc. Lo mismo oímos aquellos que nos molestamos en informarnos, en el caso de quienes se van de montañismos sin estar cualificados, y luego se pierden, teniendo que ser los equipos de rescates de la Guardia Civil los encargados del salvamento con todo lo que eso conlleva, ( médicos, helicópteros y mas cosas que se me escapan por mi ignorancia) Esto recuerdo no hacia mucho tiempo, lo hablaba en casa en las conversaciones de café, y me parece mas que justo, por que aquí, es el egoísmo, la temeridad, la insolidaridad lo que genera un gasto de dinero, que sale de los impuestos generales del estado, o lo que es lo mismo: que nosotros pagamos a escote, porque unos cuantos que se creen que solo están aquí para vivir la vida, sin responsabilizarse de nada. pero aún voy mas lejos; En Inglaterra están recortando los gastos sociales de las pensiones, a quienes sin tener trabajo estable, y nunca lo tendrá, por que no les interesa, esos que se auto denomina marginados sociales, pero no dan un palo al agua. En cambio si tienen teléfonos móviles que ya los quisiera yo alguna vez, o tienen antenas parabólicas, oro en cantidades insultantes colgado del cuello, y en los dedos. Y encima no paran de parir como conejos, nos reclaman a quienes no tenemos mas que los hijos, que sabemos que podemos alimentar, vestir educar, calzar es decir a los que nos responsabilizamos de nuestros actos. Ellos no, ellos casan a sus hijos en tempranas edades, cuando los nuestros aun están en las escuelas. También se debería de requerir los gastos, a esa juventud (mayoritariamente) que por la moda de los Botellones, se emborrachan y hay que trasladarlos al hospital o centro medico mas cercano, cuando no en los peores casos, salvarlos del como etílico. Los políticos piensan , mejor dicho pensaban, que así, cuando toque las elecciones votaran en masas, y tal vez a sus siglas ¡mentira! estos no votan, ni a ellos ni a otros. Les importan un bledo quienes pagaran sus medicamentos, escuelas carreteras, y todo eso que usted sabe que le quitan de la nomina, que recauda el estado a través de los impuestos (como debe ser) para que de esa caja común pueda salir el bienestar que gozamos en Europa. Mira por donde la crisis va a poner algo de sentido común en la política que dirija una vida mas equitativa para todos. Al igual que la delincuencia debe de ser combatida no con cárcel, esa hay que hacerla, mantenerla, y pagarle el hospedaje de años. Mejor que paguen sus delitos menores con trabajos en beneficio de comunidad estatal. Por ejemplo: pintando el asfalto desde Ayamonte A Figueres, ¡anda, que no hay raya que pintar!

19/4/09

tatami de espartinas (segunda entrega)

      El taxi paró en la puerta, del maletero sacaron un paquete de considerables dimensiones, ante la impaciente emoción de Juanito, que abrió la puerta de la casa nunca fechada. Sobre la mesa del comedor, no cabía las cosa que Joaquín iba sacando, así, que lo dejaban sobre el suelo, sobre las sillas, y el muchacho de Madrid, sacaba cosas, muchas cosas dispares; ropa para su tía, libros de varios temas incluyendo los esperados y tan deseados por su pequeño primo, un casi diminuto tocadiscos "Philis", discos de Módulos, "The beatles","Lone Estar" y otras cosas.
   Juanito corrió a su habitación con sus libros de lucha japonesa, en tanto que su tía, le ayudaba a ordenar el cuarto donde él, se quedaría ese tiempo de vacaciones, una habitación pequeña pero acogedora, le pareció ayer por la noche, de blancas paredes encaladas, con unas cejillas de color azul oscuro, simulando el zócalo, que nunca tuvo.
Sobre una mesita cuadrada puso en marcha el tocadiscos pequeño, no sin antes, apartar el redondo y rechoncho despertador de cuerda y de horrorosa esfera azul, y ya los ye yés cantaban canciones de amor que nadie entendía, pero que todos tatareaban de manera inconsciente, de conocidas que les resultaban, al poco rato de oírlas. En la cocina, desde el  amplio patio, se percibía un apetitoso aroma a comida marinera seguro, que tía Leonor había hecho una cazuela de pescado y marisco. Pronto llegarían los primos del trabajo, y el almuerzo estaría listo, luego como era sábado, irían "con las fresquitas",a pasear en moto él y su primo Manuel, por el puerto para ver los barcos.

   No tuvo mas remedio que desabrocharse la correa, allí, en casa de sus tíos, o se comía muy bien, o a uno le entraba apetito, a causa de la cercanía del mar, talvez fueran las dos cosas a la vez.
   La modorra le hizo dormirse un rato echado sobre la cama, una vez espabilado de la pequeña siesta, pero sobre todo, después del café, buscó a su primo Manuel. La Derby roja ya estaba preparada para galopar, su primo la había hasta lavado, y sacado brillo, para la ocasión. Joaquín se colgó la cámara de fotos réflex, enfundada de recio cuero, apartó el mecánico brazo del tocadiscos y calló la música saliente del negro y amplio circulo de vinilo.

   Ellos estaban agradablemente apoyados, sobre la negra baranda forjada de hierro, que delimitaba el precipicio del muelle de la ría, allí los barcos tan grandes, tan cercas, con esos colores, las banderas de pabellón, las gordísimas maromas que aseguraban desde proa y estribor a esas naves al puerto. Toda una sinfonía de luz, color y olores, olor a pescado, a mar, y sobre todo la sal, que incluso se dejaba sentir sobre la piel de los fuertes y desnudos brazos de los muchachos. La entremezcla de sonidos de los tenues oleajes, a veces rotos por el paso de las embarcaciones ligueras, las inquietas gaviotas, el sordo pero contundente ralentí de los motores, trasladaba a Joaquín a un mundo raro, pero tranquilizador al mismo tiempo, y como ya vivido, aunque él no recordaba casi nada de antiguas experiencias, a pesar de que él había nacido allí, en esa ciudad, y cerca y muy de ese  barrio. 
   Pidieron permiso a unos marineros de abruptas apariencias germánica, que faenaban sobre la cubierta de un buque de mercancías, para subir a bordo y poder así hacer algunas fotos, pero no solo se lo concedieron, sino que visitaron  las dependencias de aquel navío, de la sala de maquinas, a los camarotes, a la cocina, puente de mandos, etc. Toda una ilustrativa excursión marinera, que su experto anfitrión, su primo Manuel, explicando cada detalle en un argot muy característico. 

   Siguiendo la carretera flanqueada a ambos lados de palmeras, y girando hacia la derecha, llegaron a lo Astilleros Españoles, donde se construían los barcos. Se notaba una actividad industrial pujante en todo su alrededor. Según su primo, que era soldador en esa empresa y ya llevaba seis años, pues desde los catorce entró de aprendiz, nada mas dejar la escuela de primaria, que antes, le comentaba,  los barcos se hacían de madera, por los carpinteros de ribera, pero desde el año sesenta y siete, se construyen de hierro, y todavía, se recuerda el nombre del primer casco de hierro que se construyó, el "Ana de La Cinta",para ello tuvieron que venir gente especializada de Sevilla, y así, enseñar a los de aquí. Él ya era oficial, de segunda si, ¡pero oficial!, y eso era importante, por que de letras él, no entendía mucho, pero espabilado, si que era sí.
   Los dos primo a lomos de la motocicleta que era campeona del mundo muchas veces, (eso podía leerse todavía sobre el deposito), paseaban por la localidad parando de vez en vez, donde se les antojaban, para que el madrileño, de acento finolis hiciera fotos a cosas, que Manuel no le había prestado la más mínima a atención hasta ese momento: Los pequeños botes con sus velas plegadas o recogidas, los restos varados de las embarcaciones, o las barcas recoletas y ancladas a sus pesos  muertos, meciéndose suavemente, hombres sentados sobre la arena de aquella pequeña playa, cercana al puente de Santa Eulalia, cosiendo redes, pintando o metiendo estopa a la maderas de las futuras barcas, que se introducirían luego, en los caños de la bahía, llenos de vida, que eran el sustento de tantas gentes. 
Esas gabarras con nombres tan propios del argot marinero que sorprendía a este fotógrafo ocasional. Definitivamente estaba disfrutando de las vacaciones. Cuando ya la tarde comenzaba a imponer el ocaso, y éste, tornaba en rojizo cristal las aguas de la de la bahía, decidieron concluir la excursión.
  
 La mirada de Juanito, le recordó que aún tenían en pendiente unos magistrales actos de karate en el patio. Él le prometió a su pequeño primo que sería esa misma tarde, cuando hiciera un kata y alguna cosa mas, con un gesto de cabeza hacia el benjamín le aseguró, que cumpliría con lo pactado. Joaquín entro su cuarto, se echó sobre la cama para descansar un poco, al rato se quedó dormido.

   Talvez fueran las moscas o el sopor que trae consigo, la caída definitiva de la tarde, pero el caso, es que se despertó con los brazos sudados y la frente pegajosa, los pliegues de la colcha, le dejaron marcas lineales, sobre todo, se le notaban en la mejilla izquierda, la siesta había sido reparadora.
   Calentó unos minutos los músculos, con una breve gimnasia, hizo estiramientos y tomó una posición de alerta, con los puños cerrados ala altura de las caderas, luego, con extendió las manos abiertas sobre sus muslos, inclinando la cabeza a modo de un sumiso saludo, gritó ¡Jyuroku!.
   Sus movimientos eran fluidos y fuertes, a veces secos y penetrantes, se veía la potencia de los golpes al vació, un resuello que salía de sus pulmones de vez en cuando, un grito contundente, aparentemente espontáneo, que salió mas que de su garganta, de su alma, no de manera incontrolada, sino conciente.
Sus movimientos imprimía una energía devastadora que asombraba a Yabata, embelesado viendo al luchador, contra sus imaginarios enemigos, desde la puerta entreabierta que accedía al patio. Tan solo duraron unos treinta segundos, ese combate contra nadie. El karateca tomó de nuevo la posición de yoi y tras saludar reverencialmente inclinando la cabeza un poco hacia delante, soltó aire por su boca semi cerrada, de manera suave y se le oyó decir "uusss", volviendo así, a un estado de calma. 
   Volvió a repetir el saludo casi de sumisión y esta vez gritó ¡Bassai Dai!.
   Con fugaz velocidad se desplazaba de izquierda a derecha, de atrás hacia delante, girando rápido y parándose unas décimas de segundos, sus posturas daban el aplomo de un samurai, observándose el total control de sus movimientos, la sincronización de sus golpes al vacío, mostraba la fuerza de unas caderas entrenadas durantes mucho tiempo, dejando entrever una musculatura abdominal sorprendente. Para Juanito, la personalidad de ese primo, tan fino en el habla, e instruido, se desdoblaba en otro ser: fuerte, y vigoroso, que infundía respeto, cuando ejercía de karateca. 
Al terminar se le veía ligeramente cansado por la excitación del ejercicio.
- ¿Eso es un kata? 
-¡Aja!, si señor eso era un kata y lo otro, también. Respondió jadeante buscando aire- El primero se llama "Jyuroku" y el otro, "Bassai Dai", ambos  katas son denominados superiores. 
   Entró en la casa, dándose cuenta que había sido observado por  sus familiares, nadie dijo nada, pero esa situación a él, le denotaba la fascinación de ellos.
_ Voy a ducharme. Dijo casi ruborizado, al saberse admirado.

18/4/09

El hombre del paraguas color pistacho

                               El hombre del paraguas de color pistacho

Llegó a la conclusión que en la comida, se tiraba mucho dinero, mientras vaciaba los platos en el cubo de la basura, veía como medio filete de ternera, una fruta a medio comer, media Viena, y ensalada, casi sin probar, terminaría en el contenedor. 
Desde que se auto impuso la tarea de fregar por las noches, a raíz de no tener trabajo, pensó que a ese despilfarro había que ponerle freno, pero ¡ya! No era justo que mientras en otros lugares del planeta se morían de hambre, aquí, se tirase la comida tan impasiblemente, de manera tan indolora. Hizo un nudo a la bolsa de plástico que portaba impreso el nombre del súper del barrio, bajó las escaleras mientras llamaba al perro para que aprovechara el momento de bajar con él y así hacer sus cosas.
Perfectamente sabía que lo de la moralidad contra el hambre, era no mas, que una excusa muy bien avenida, para apretarse el cinturón todos .Desde ese día, tomaría medidas para corregir ciertos vicios, que aportaría menos derroche, y mas ahorro a la ya mermada cuenta bancaria le vino a la cabeza cambiar el té, por los cafés de las mañanas, de este modo, ahorraría leche ya que para la infusión, solo haría falta agua, y un poco de limón, al mencionar el amarillo fruto se ensalivó su boca. Con pocas cosas como esa, se adaptarían todos a la nueva situación, a la que cada vez se veían abocados cada vez mas personas por la puñetera crisis de la mierda.
Empezó cepillarse  los dientes como cada noche, pero esta vez, sin pasta dentífrica, a ver si era eso cierto, que lo de la pasta era una falsa necesidad creada por la industria, ¿o acaso los africanos que el había visto en Angola se aseaba la dentadura con pasta? no, tan solo con trozo de raíz, o sea con un palo que lo hacían jirones, hasta parecer una escoilla en miniatura, y menuda blancura tenían todos o casi todos. en sus bocas limpios y sanas se les veía a ellos, cuando reían. Tardó un poco mas de lo acostumbrado, y por eso tocaron a la puerta. apretó los dientes separó los labios y se miró en el espejo girando la cara de un lado a otro._¿Ves? ¡de lujo! se dijo así mismo.
Desde mañana ya no compraría el periódico, lo leería gratis, de esos que lo distribuyen en los supermercados y por algunas esquinas, total las noticias son las mismas, y con menos tonterías. eso si que seria un ahorro mensual ¡a ver! comprobó que el despertador estaba bien, aunque ya le daba igual que sonara a la hora que fuese, no tendría que ir al centro del trabajo. Su mujer le dijo lo de siempre cada vez que se acostaba de noche, aparte de la rutina, del cambio de ropa, la frase era la misma cada noche: _ No tardes mucho en apagar la luz... que si no puedo dormir. Apagó la luz.


_Pues hijo mío, puedes leer los periódicos atrasados, ¡anda que no hacen eso, cantidad de jubilados. A veces a su mujer le venia la lucidez, lo practico de la feminidad. A fin de cuentas lo que el leía era mas que las noticias, los artículos las opiniones y sobre todo Las Cartas al Director. Que a veces eran las mismas cosas que tenia ganas de decir, de quejarse, de exponer en esa plataforma, que no era apreciada como se debiera. Termino su tostada  echa de pan del día anterior, pues ya no pensaba tirar mas dinero a la basura, aunque siempre retocase a él bailar con la mas fea, poco a poco incitaría al consumo responsable a todos los miembros de su familia. Pero de momento daría ejemplo.
En el bar. de la esquina donde a veces tomaba las copas con los amigotes le dijeron que sí, que si podía llevarse los periódicos atrasados, con toda la generosidad del mundo el camarero es decir el dueño le daba la pila que estaba encima de los barriles vacíos de aluminio,  de la cerveza. pero el le dejó claro que solo vendría por el de ayer, el del día anterior_¡ Ha! Pues me parece que mi cuñado se los lleva por las noches, para echarle un vistazo, y luego lo trae por que la gente lo piden a veces para ver cosa del fútbol y esas cosas, ya sabes. Con un gesto entre frustración y agradecimiento se marchó.


En el umbral de la nostalgia se sentía, y no encontraba la razón, por que el día estaba soleado, y las hojas de los árboles las veía mas verde y brillante que nunca, a través de la ventana. No sabia por que pero, sentía una tristeza incipiente, que hasta le dejaba un mal sabor de boca, en cambio le apetecía oír música tristona. 
Para ocuparse del mucho tiempo que ahora disponía, se decantó por aprender italiano, con sumo cuidado sacó el long play, de su funda, lo miró y sopló para sacarle el poco polvo que tenia, mas bien era unas diminutas pelusillas que solo se veía, si se giraba el disco en dirección hacia la ventana y la luz mostraba su reflejo sobre el negro y brillante vinilo, donde  los surcos guardaban la voz de Sergio Endrino. Estaba solo en casa, le habían dejado solo en casa, toda una mañana para él, ¡que paz! Trastear entre las baldas de los libros, mirar los discos casi olvidados en las cajas de cartón, como le pasaba al arpa en el ángulo oscuro que citaba Bécquer.

15/4/09



Tatami de espartínas
Capitulo I

Calor, salitre y cal

Desde el autobús urbano, antes de llegar a la parada de la línea, vio "El Arco",el arco que daba la bienvenida al barrio, barrio que fue asentado sobre suelo de las marismas del Odiel.
Los colonos de ese enclave, trabajadores de diversos oficios, que construyeron chozas como mejor pudieron, y a su entender; para convertirlas en sus viviendas, humildes pero dignas, como ocurriera en esos tiempos y mas atrás, en tantos otros lugares de la geografía no solo de Andalucía, sino de casi toda España.
Convirtiendo las espartínas, los lodos y los caños naturales de las marismas en aldea, diseminado de viviendas, como lo llamarían los técnicos municipales, de éste, o otro cualquier Ayuntamiento, da igual la localidad. Pero de eso, ya hacia mucho tiempo, ahora todo aquello era una barriada, como casi tantas de la ciudad, o del país inmerso en el progreso, un progreso ya tardío, impulsado por los tecnócratas del Opus Dei que el Régimen puso al frente del gobierno de la década de los sesenta, y que a raíz de la industrialización, con el pomposo nombre de Polo de Desarrollo Industrial, y des
de la mitad de la década de los sesenta, se instalaron junto ala ría.
Fabricas de industrias química, vertiendo los residuos directamente al mar, acabando con ese espacio natural y semi salvaje aún. Tarde ese desarrollo si, pero visible, en sus mejoras y comodidades tangibles, para esa masa de mano de obra sin cualificar, que llegaban desde toda la provincia, abandonando los campos o las minas, no solo de la provincia, sino también de fuera de ella., trabajadores siempre sin un futuro, y basado en jornales, que dependían del tiempo, de la tiranía del manijero o del señoriíto. Si llovía y no trabajabas, no se cobraba, y en las minas el legado era casi con toda seguridad, una enfermedad pulmonar. y una mísera pensión.
Esa gente era bien venida en la capital, para cubrir la demanda obrera, en la construcción de naves industriales. Después la puesta en marcha de las factorías químicas, disminuyó drásticamente, esa mano no cualificada, demandando personal especializado, lo que dio paso a una inmigración desde diversos puntos del país.

El bienestar del barrio no solo estaba con el acerado y luz eléctrica en las calles, o el agua potable dentro de las casas, ahorrándose el tener que ir alas fuentes publicas, como todavía sucede con el barrio pegado a este. Aquí tenían hasta colegios, guarderías, comedor público del Auxilio Social, iglesia, en fin; era un lujo el haberles tocado una vivienda y no tener que vivir en una chabola, de las que todavía quedaban muchas en la capital. Aquella barriada y otras de similares características fueron inauguradas con toda la pompa del régimen.
Caminaba por la larga y ancha calle asombrosamente blanca, tanto que hasta molestaba a los ojos la luz que reflejaban sus paredes, casi todas blancas.
Ahora comprobaba que debía ser cierto aquello que leyó en cierta ocasión, en la revista Blanco y Negro, que según un estudio de fotometría, había demostrado que la costa onubense, ofrecía la mayor luminosidad de todo el litoral hispánico, y no solo eso, sino que poseía el mayor numero de días soleados.
Dos clases de casas, había en esa calle, las de dos plantas y las de una sola, la carretera era de tierra, sin asfaltar, todavía podía verse algunos árboles que sobrevivían sin ser talados, regalando una escasa sombra, estos árboles llamados "Paraísos", tenían el inconveniente de que sus raíces levantaban el acerado y podían incluso entrar en casa, los faroles sujetos a las paredes mostraban algunos cristales rotos, pocos faroles se mostraban intactos.. Aunque éstos, eran repuestos de tarde en tarde.
La tarde de Julio, había derramado mucha calor sobre la ciudad, y la calíma amenazaba una repentina lluvia de verano, que nunca caería, para así, poder refrescar el ambiente.
Con su gran bolsa de deportes colgada del hombro, cruzó las hercúleas columnas y se dirigió a la a casa de su primo Yabata, nombre con él, le apodó de pequeño, por su afición a las películas de chinos, que veía en el cine del barrio y en verano, en la plaza de toros, La Merced, muy cercana a la barriada.
La sorpresa fue agradable para todos, aunque todos le estaban esperando desde hacia días, su tío Manuel, tía Leonor y pasando por sus dos primos mayores, Luís y Cinta, pero sobre todo, muy agradable para Yabata. ¡Su primo el karateka había venido a pasar el verano con ellos! ¿ le habría traído los libros de karate, que él, le prometió ? ¡Si, seguro que si !no le haría ese feo, pensaba el benjamín de la casa.
_ ¿Y la gente? ¿todos bien, tu madre... tu padre.. ? preguntaba su tía mientras besaba a su sobrino, que ya le sacaba como dos cuartas, casi, de altura.
_ Si, no hay novedades de importancia, todo sigue igual, mas o menos. Mi hermana pronto terminará los estudios y mi padre es posible que se jubile dentro de poco, ya sabes, por eso de la bronquitis... -Todos asintieron recordando la enfermedad de Evaristo, cuñado de Leonor, su tía. Evaristo, tanto tiempo trabajando de pescador en la ría, en la mar, en los esteros de ese rió, el Odiel, formando un delta con el Tinto, arrebantádole horas de sueños a las madrugadas, con su barca velera, que a golpes de remo, surcaba los verdes laberintos de caños de las estuárias, que formaba esa inmensa marisma, para vender la pesca del día, bien fuera de bailas, de “bocas” de los cangrejos, mojárras, camarones o de chocos.
_ Si pero él, por lo menos pudo irse con algunos ahorros a Madrid y probar suerte como tantos otros, y no le ha ido mal del todo. En cambio yo fui a Holanda, ala fabrica Philips... No termina la frase tantas veces ya oídas por todos, cuando su mujer, le corta la conversación, no sin un sublime reproche.
_Te viniste porque no eras capaz de aguantar un tiempo sin mí, y sin tu casa, dos meses es poco tiempo para buscar fortuna, ¡mira la Pepi...al Antonio-.
_ ¡Ha¡ traigo unas cosas para vosotros!
Interpuso su sobrino Joaquín.-talvez dándose cuenta de la situación. Y abriendo la gran bolsa de deportes sacó unos regalos; un gran transistor Telefunkent, para que su tío oyera las coplas y los toros, comics para sus primos, una medalla de la Virgen de La Almudena patrona de Madrid, para su prima, y un estuche lujoso de perfume para su tía.
_Mañana tengo que recoger en la consigna de la Estación de Sevilla, un paquete grande con algunas cosas. Su tía Leonor preparaba algo de merendar, mientras le decía que para que se había molestado en traer regalos, que no eran necesarios.
Salieron esa tarde casi noche, los tres primos; Luís, Cinta y Joaquín. Se encaminaron al centro, hacia la Plaza de La Merced donde las terrazas de los bares esparcían aromas de comidas caseras, de vinos generosos y frescos de la tierra que, mezclándose con el olor a salitre que, la brisa ligera traía desde de la ría, llenaba de vida la noche calurosa y bullera por los crios, que jugaban en la plaza o entre las mesas de los clientes, llevándose reprimendas de los pobres camareros, todo eso era vida, alegría provinciana si quieren, si, aunque los mosquitos a veces fastidiasen la velada.
No fue fácil encontrar un velador libre en el bar Los Amarillos, a pesar de su larga terraza, todas las mesas, estaban ocupadas.
Platos de raciones de chocos, coquinas, de pescaditos fritos que serpenteaban por entre las mesas en brazos de los ya expertos camareros, en repartir viandas en aquel maravilloso caos de bulla, y gentío. Calor y mosquitos, sobre todo mosquitos, mientras la radio o la televisión, ponía música de los Pop Tops con su Mamy blue y una modosita Jeannette, se empeñara en decirnos porque ella, era rebelde.
Recorrieron varios lugares hasta encontrar una pastelería de bastante renombre en el lugar y compraron dulces para llevar a casa, en especial “Sultanas” que le gustaban mucho a su tía Leonor, y “Borrachos” para su tío Manuel. Después disfrutaron de unos helados en "Los Valencianos" en la pomposa calle Concepción, oyendo de fondo a "El soldadito" que un grupo de repeinado muchachos, y muy educaditos ellos, llamados "La Compañía", sonaba en las radios y la televisión.
La noche lucía una Luna llena, que parecía un gigantesco grano de uva plateada, puesta en el cóncavo cielo negro, que hasta ella parecía calentar la noche, como un sol nocturno.
De regreso a casa, las calles del barrio exhibían a la gente, sentadas en las en las aceras en sus sillas, queriendo así mitigar el calor, viendo el televisor desde la calle, con las puertas abiertas de par en par. Se podía seguir la trama de las películas, caminando de una punta a la otra, del barrio con tan solo oír los receptores, pues quién tenia suerte de poseer uno de estoa aparatos, y ya eran bastantes, procuraba lucirlo dándole volumen y quien no poseía ese aparato se sumaba a cualquier puerta, para disfrutarlo.
Sus tíos estaban, como no, viendo la tele igual que todos, Cinta sacó una mesita y expuso los pasteles sobre ella, mientras tía Leonor preparaba café. Juanito, que éste era el verdadero nombre de Yabata enfundado en un karategui algo grande, que su primo le acababa de traer, daba patadas y saltos en el patio. Al oír a los recién llegados corrió hacia la reunión de la puerta de la calle.
_ ¿Cuándo me enseñaras algunas mañas de karate? Pregunto a borbotones y sudando, Juanito a su idolatrado primo.
_ ¿Algunas que.? ... a ya, quieres decir llaves, bueno ya tendremos tiempo voy a quedarme hasta septiembre ¿no?
_ Si, si, y romper los ladrillos con las manos, ¿he?. Su primo soltó una carcajada, sabiendo que le quedaría mucho trabajo pendiente con el chaval.
_ Oye, ¿cómo te dio a ti por eso del karate? Le preguntó su primo Luís mientras encendía un cigarrillo "Bisonte" y .
_Pues mira como tú ya sabes, yo antes hice algo de judo en mi colegio, y el año pasado, con motivo del primer campeonato nacional de judo de España, se hizo una exhibición de karate, esto fue en el "colegio Maravillas" cerca de donde yo vivo. Aquello me impactó, por su rapidez y potencia, el maestro que mostraba las ejecuciones técnicas, fue un japonés de verdad, cosa que a todos nos resultaba exótico, hoy es mi maestro, ya ves, y ya llevo casi dos años y medio con él.
_¡Entonces ya eres cinturón negro de esos!, ¿a qué sí?. Se apresuró a decir Juanito
_¡Pues no!,sólo soy cinturón azul y aún me falta mucho para eso. Pero ser cinturón de cualquier color, no es lo importante, lo que importa de verdad, es que tú, comprendas la esencia del arte marcial. Cuando uno es cinturón negro, es el comienzo del camino del karateca, eso dice mi profesor, comienza la búsqueda del "Do" o sea, el camino, que es eso, el significado de la palabra.
_ ¿Y eso que es? Preguntaron ambos primos al unísono.
_Un coñazo para explicarlo ahora, lo dejaremos para otro día- zanjó el asunto el invitado, y siguieron de cháchara un largo rato a la frescura de la nueva subida de la marea, que traería el aire yodado, el escaso aire del momento, movía un poco las ramas de los escasos árboles de aquella calle.

14/4/09

El asesor

El asesor (primera entrega)


Se dio cuenta, al mirarse en el espejo que siempre comenzaba a afeitarse de la misma manera y en el mismo lado. Siempre comenzaba por el lado izquierdo, y pensó si a todos, les ocurría lo mismo. Seguramente sí, el hombre es animal de costumbres, e hizo un balance mental de las cosas que hacia de manera mecánica, sin pensar. Recordó, que siempre recorría la calle suya, en la misma dirección, y que cruzaba la acera por el mismo lugar, si no siempre casi siempre. Cuando se dio cuenta ya estaba echándose el bálsamo affter shave ese, o sea la loción de después del afeitado, se preguntó, que por que venia en ingles sí la marca era española, hecha en España, y comprada por españoles. _Deberíamos negarnos a comprar cosas extranjeras habiéndolas aquí en España. Reflexionó, le salió el lado patriótico..
La mañana estaba nublada y no sabia que hacer; si coger la cámara de fotos digital, si sacar al perro, o irse de compras. Cogió la cámara. Y desde aquel ángulo, en el que llevaba tiempo pensando, hizo las fotos a distintas alturas, a la escalinata ancha de hormigón de la plaza cercana a su casa. Recorrió las callas a discreción sin rumbo fijo, de un lado a otro, de aquí allí, pero no salía nada interesante, nada que pudiera ser susceptible de algo artístico. Aburrido, como lo debiera ser una manifestación de ostras y tan... no sabía explicarse, ¿triste? sí tal vez ésa fuera la palabra, triste, como el día, o como cuando nadie ha venido a tu fiesta. Extraña sensación de soledad que parecía gustarle en el fondo, ver si alguien le preguntaba que le pasaba, pero por otro lado se reprochaba, si no le daba vergüenza sentirse compasivo consigo mismo. ¡Otra vez estaba en la librería del Corte Ingles!, y ni siquiera fue consiente de ello, es mas, tenia entre sus manos un libro, una novela, de las que son económicas y de bolsillo. Trasteó entre las baldas, en la mesa amplia, donde antes residía el orden y ahora los volúmenes estaban por doquier. A la salida, notó como el guarda de seguridad le miraba, a él! que nunca fue capaz de robar ni un sacapuntas en el colegio, y eso que su economía (la de sus padres obviamente) era mas que precaria, y sacaba mina a sus lápices, con el cuchillo de cocina en su casa, paro no tener que verse en la situación de ver todos de la clase que no tenia sacapuntas, bueno ni cartabón, y por supuesto el compás, menos, pero ya eso lo poseía tan solo unos pocos. Al llegar a casa de nuevo, bajó el verde toldo del balcón, buscando fresco e intimidad, puso música, un cd de Bach "Concierto de Brandemburgo" uno de tantos conciertos, que según leyó alguna vez, era tan pródigo, en crear música, que conforme terminaba de escribir las partituras, se lo quitaban casi de las manos para ser orquestada. , y la recordó a ella, su pelo mojado por la ducha, como se secaba, el pelo con esa toalla roja, y de como se le veía radiante y sensual, casi bajo el marco de la puerta del cuarto de baño. Como se puso el tanga negro, sin quitarse la toalla que cubría su cuerpo, ciñéndolo al talle, tan solo se le vio escasamente, los muslos, hasta arriba y casi, solo casi, le pudo ver, algo del glúteo joven, que aún no llegaba a los treinta. Sin darse o cuenta, o tal vez sí, sintió que su pene se erectaba, sabia perfectamente, que terminaría masturbándose, no sería la primera vez, desde hacía semanas se masturbaba pensando en ella. Su mano izquierda acarició de manera leve y fugaz, su miembro, que parecía quisiera salir por encima del botón de la bragueta. Se levantó para cambiar de disco, necesitaba mas música, mas tiempo, y eligió a Rachmaninoff, sinfonía número uno. se volvió a tumbar, y rebuscó en su mente, en su memoria, aquella imagen, de su pelo mojado cayéndole por encima del hombro, levantando la rodilla para poder secarse las piernas, y esa luz lateral desde la izquierda, idónea para una fotografías mano derecha ya era dubitativa, se metió los dedos bajo el botón, y rebuscó, el glande que apretado entre la tela y su abdomen estaba preso, deseaba salir al aire, como un buceador de ostras, después de capturar algunas piezas, Desabrochó el pantalón, tiró hacia abajo con ambas manos, dejando el pantalón a medio muslo, una mano acariciaba sus testículos y la otra, refregaba el pene de abajo arriba despacio, con los ojos cerrados y envolviéndose, en aquella música. Recordó, que tenía varias fotos de ella en el PC portátil, como si de un resorte se trataba, salió del estampado y elitista diván, como disparado, lo puso sobre la mesita y lo encendió. No tardó mucho en hallar la tres fotografías de ella, desnuda y de espaldas sobre la cama, de rodillas con las piernas abiertas en el lecho, con su torso elevado y mirando atrás, al objetivo. Sus glúteos; redondeados, blanquecinos y una espalda fuerte y anchas, era lo captado por la cámara. Pulsó el modo diapositiva del Windows, y al ratito, reproducía las tres imágenes de ella, repetidas veces, como un bucle sin. Sus imágenes en la pantalla, ora tumbada mostrando casi toda su desnudez, tan solo cubierta por una un pico de la sabana en medio del pecho , y un trozo de pliego cayéndole hacia abajo, le cubría, medio muslo de una pierna, dando sombra al casi depilado triangulo. Ora tumbada boca abajo, sin sabana que le ocultara su desnuda, figura mostrando unos carnosos y duros glúteos, incitando a que él, la penetrara mentalmente en esa posición. ¡ummmm! se excitaba él imaginándose, tocar con sus dedos el ano y mojándoselo de saliva, para poseerla, estos pensamientos hizo que la mano que acariciaba su pene, acelerase sus movimientos de arriba abajo, y apretase el glande ,de vez en cuando resoplando con los ojos semicerrados. Se acercaba el momento de la eyaculación, y no quería que fuese tan rápido, deseaba que durase mas tiempo esa sensación de placer que iba “in crescendo“, pero poco podía ya retener la explosión del éxtasis, la velocidad de sus movimientos, aún fue en aumento, una pierna encima de la otra estiradas ambas rígidas, su otra mano, apretando sus huevos, sintió como descargaba el semen que a borbotones salía disparado salpicando incluso, su pecho y manchando de esperma la camisa. La mano que le daba el gusto meneando su miembro, estaba mojada del blanquecino y lechoso liquido, que corría hacia abajo. Hasta el botón de latón dorado del pantalón, se manchó, y seguía saliendo esperma a cada espasmo de placer, tiraba de la piel del pene hacia abajo dejándolo así, unos segundos para que, la cabeza roja e hinchada, de su viril pieza dejara salir todavía, un hilillo seminal, sintiendo placer mirándola a ella en las fotografías, que mostraba su pc en la pantalla una tras otra, repetidas incansablemente.
Ahora que tenía tiempo, no se le ocurría que hacer, ni siquiera de elegir una de esas cosas, que él anotaba en su lista mental, ¿para qué? _Arreglar la cinta de la persiana, no le apetecía, de todas formas, era mejor mandar colocar una nueva, pues ésta ya era vieja y desfasada. Mirar los discos de vinilos y tirar los que no merecían la pena ni para guardarlos como recuerdo, ¿de recuerdo? ¡buenoo! si empezamos así, no tiraría ninguno. ¡No!¡todos! había que tirarlos todos, sin penas ni sentimentalismos, eso lo único que hacia era estorbar, además, ¿donde se compra ya a estas alturas, una aguja para ese gira platos? si una vez te dio por buscarla en las tiendas, en muchas, y no la encontraste por ningún sitio, ¡ya está! entregaré todos esos libros que ya no me caben, o no me gustan, o son un tostón, ¿para que negarlo? eso, haré eso, los meteré en cajas y los llevaré a la Biblioteca Provincial o a la Municipal. Todos estos racionamientos, bullían en su cabeza. Fue rechazando una tras otra, las posibilidades de organizar el trabajo del día: lo de los discos no, había que buscarlos debajo de la cama del cuarto azul, que ya apenas se usaba. Además estaban embalados en cajas de cartón. ¡No! esa tampoco. la de los libros desde luego que nanai de la china, ¡vamos hombre! encima que le regalaba los libros tenía él, que ir cargado con los bultos, con lo que pesaba aquello. ¡Ya está! terminaría de repasar esa novela, creyó encontrar un motivo de entretenimiento. _Sí, eso haré, la novela que nunca se termina, y siempre que la leo y la releo, le encuentro que; o le sobran palabras o le falta algo.
Encendió su PC portátil, se sentó lo miró, esperó a que toda ese protocolo rutinario pasara de una puñetera vez, para poder comenzar a eliminar cosas, a vaciar la papelera virtual, escribir, a corregir, a volver a reescribir lo eliminado....Se quedó dormido mecido por la voz de María Callas, ella le cantaba a él el Ave María, que le sirvió de nana.

13/4/09

imagen del blog "Terroristas del humor"


Agapito Delbadajo era músico de orquesta, tocaba en una, que hacía bolos en las verbenas de las provincias ¡Delgado! era muy delgado él, como una sílfides, (que nadie sabemos que coño es eso, pero lo decimos) fíjate si era delgado, que debía pasar dos veces por el mismo sítio para hacer sombra. ¡Bueno! El caso es que en uno de esos lugares al que fue a tocar. Era a un pueblo de la sierra, ¡frio! mucho frío en ese pueblo ¿Por qué pondrán los pueblo tan lejos? Se preguntaba el músico, y sus compañeros, que llevaban todo el día, echándose el aliénto en las manos, para calentárselas.
Carajote de La Frontera, se llamaba el pueblo. En la plaza (las única) estaba el Ayuntamiento, el casino, la farmacia, y un señor en un banco, que no se que hacía allí, pero allí estaba. Entraron al casino y pidieron tres cafés con tostadas, eran cuatro, pero como uno no llevaba dinero, ¡que se joda! ¡ala! Haber salido desayunado de casa. En el casino había una rifa benéfica, Agapito compró una tira de diez números, nunca compraba loterías ni cupones, ni nada eso, pero mira... el frío de la sierra le reblandecía los sesos, ¡coño! Que compro una.
Prepararon los aparejos de la orquesta en el escenario, y probaron el sonido. _ ¡Uno, dos, uno dos Si! ¡Hey! Si, si, ¡Hey! Decía el que no tomó nada en el casíno, poniendo voz ventral, saliéndole del diafragma (esto lo he leído yo en un manual de canto)
Llegó la noche y después de elegir a la reina de las fiestas, que era hija de un concejal ¡que coincidencia! (el año pasado fue la del otro concejal del mismo partido) tocaron Paquito el chocolatero ¡seis veces! tocaron el tema, porque en ese pueblo solo sabían bailar “Paquito erchocolatero” como ellos decían allí.
Después, durante el descanso se hizo el sorteo de la rifa, y... ¿a quien le tocó el premio? ¡exacto! a Agapito. _ ¿Y el jamón? Preguntó el iluso. _ ¿Pero que jamón? Le respondió el que sacaba las bolillas de los números, de una talega. ¡La cabra!, Aquí sorteamos ¡la cabra to los años!
_¡ Haaa no! Pues entonces no quiero el premio, déme otra cosa. Respondió el escuálido Agapito. ¿A que te arreamos con el bastón? Amenazó uno que había nacido con boina puesta ya y todo. _¡Amos hombre, le vas tú hacer un feo al pueblo! Te arreo una que…! Seguía amenazando el mismo cateto, mientras era aguantado por otro del brazo, ahora había más gente alrededor, y una niña guarra metiéndose el dedo en la nariz decía,_¡Dale abuelo, arrearle! La Wolf Vagen blanca matricula de Almería salió a las seis de la mañana, con todos los chismes en la baca, y la cabra asomando la cabeza por una de las ventanas, comiéndose las hojas del ABC, que cogió del Casino San Isidro.
Agapito sufrió las iras de su mujer y de su hija, que ya estaba en edad de merecer, cuando vieron a la cabra y detrás de ella, a ese pobre hombre que no atinaba a darle explicaciones _Yo…es que… el pueblo... Balbuceaba con la cabra en brazos, más pálido todavía, ésta estaba comiéndose el hule de la mesa por una esquina. _¡Atontao que estás atontao! Le gritaba la mujer. _Pues yo con la cabra en casa, no me duermo mamá, Ajún! Decía la niña que daba asco de verla, de remilgada que era y con el pijama del Pato Lucas puesto aún, a pesar de ser las mas de las doce de la mañana.
Seis meses hacía que, la cabra llegó a la casa y las tetas le habían crecido como a las una mujer mayor ¡Que tetas Oiga! Daba leche para media calle, los vecinos se arremolinaban todas las mañanas en la puerta, para llevarse una poca ,pero la que vivía al lado del quiosco, ¡Esa! era la primera siempre, con la olla de aluminio grande, y dando codazos para que no se le colaran. _ ¡Siempre igual la tía esta! Decían para sus adentros las envidiosas vecinas que nunca llegaban antes que ella,la última de la cola solo podía pillar un vaso. _¡Pos esto no puede seguir así, esto sanseacabó! Le dijo, bueno mejor dicho le gritaba, su mujer muy seria ella, a Agapito Delbadajo que casi se confundía con el rayado del entapizado del butacón donde esaba sentado ¡enjuto, muy enjuto! (que quiere decir delgado) era muy esmirriado, como ya dije antes ¿o no se lo dije?.
Blandiendo la espumadera, que compró en los chinos, remangándose el yérsey de lana, verde limón le dió un ultimátum al pobre hombre. _Ho vendes la cabra o ¿A ver que va a pasar aquí? Por que así no,no podemos seguir ¡no! nanai de la china. No trabaja, se come todo lo que pilla, hasta los cuadernos de los niños y no suelta el mando del televisor. Decía Eulalia, porque así se llamaba ella por parte de madre, la bautizaron como su mamá, y como a su abuela, ya la bisabuela no se llamaba así, se llamaba Gertrudis, por que víno de un sitio Portugal y allí, se llaman Gertrudis todas las Gertrudis… ¡digo las mujeres!
La cabra en el salón que estaba viendo a Paco Lobatón, por la tele, con las empuñaduras de una bicicleta Orbea, puestas una en cada cuerno, por que se liaba a trompadas con todo quisquie, haciéndose la sueca, como la que no se enteraba, de lo que la mujer le decía al peléle.
La cabra encontró trabajo con unos gitanos de Rumania, como equilibrista de escalera callejera, tenía ella madera de artista sí, con un traje de faralaes tapándole sus vergüenzas, la cabra salía al centro del mogollón mientras uno de los gitanos ¡mas guapo... con unos ojazos! ¡Hay ladrón! tocaba la trompeta y a veces se ponía bizco del esfuerzo, otro tocaba el acordeón éste, era muy basto ¡Ho! Más que un cerón de esparto. Tres de las mujeres bailaban, mientras la abuela en una esquina, por si venían los municipales decir: ¡Agua! Al mismo tiempo que los niños robaban en las terrazas de los bares cercanos, los móviles de lo guiris (bueno y las gafas ,los bolsos, las carteras y … menos los libros, porque eso les daban urticarias)
Ganó dinero la cabra sí, mucho dinero, empezó en la calle, y de allí, a los teatros ya ves, y terminó con Sardá en la televisión, con un contrato que ya lo quisiera la Pantoja esa, ganó dinero, mucho dinero, pero no se gastaba nada, ni un céntimo, ni en comida, por que la tía se alimentaba de los guiones, de los suyos y de los demás que estuviera a su alcance, y se bebía el agua de los floreros para no tener que comprarla embotellada. Un día contó ella una anécdota en una entrevista. Resulta que Un conocido cantante (no quiso decir quién, ella sería cabra pero discreta) el conocido como decía, bebía ¡tela! pero en secreto, y para disimular su adicción, vertía la ginebra en los floreros del camerino ¡y claro! Un día ella se la bebió, pensando que era agua.Por eso aquella noche, pasó lo que pasó en el plató de Telecinco.El Sardá pensó en echrla del programa, pero fué tal la repercusíon al día siguiente, que desde ese día la emborrachaban un poquito. ¡eso si! previo pago de un plús.
Era toda una celebridad la cabra, no solo en su barrio sino en el país, el Interview le daba un pastón por salir en top less pero ella ¡que no! La cabrona, digo cabra, no daba un euro en casa, todo era para ahorrar, si, si, ahorrar, y la gente le decía _ ¿pero para que quieres tu los billetes? _ ¡eso! ¿Para que? decía un señor que no era ni del barrio ni nada, pero era muy chismoso ¡que chismoso eraaa! _Si tú no tienes dedo gordo para contar los ¡a ver! ¿Para que quieres el dinero desagradecida? Le dijo una vez la señora Gertrudis desde el balcón, con la vena del cuello hinchada del cabreo y de la impotencia, por que veía se le escapaba la fortuna. _¡con lo que te hemos querido, (¡que embusteraaaa!) asquerosa y así nos lo paga! Mientras ella se iba con dos maletas de piel y su bikini de rayas, como en la canción de Formula V. _ ¡Para hacerme una operación! Dijo ella. _ ¿Una operación de que? ¡Desgracia! Se oyó desde más atrás, que resultó ser la hija. _ ¡De sexo! Gritó la cabra muy solemne ella. Se hizo el silencio de pronto, igual que cuando alguien pregunta en una cola ¿Quién se ha peído? Los gorriones que volaban por allí cerca en ese momento, se cayeron redondo al suelo de la impresión.
Era una mañana radiante de luz los pajarillos no cantaban, no, ¡tocaban el violín! Ese día era una avanzadilla, un preludio, un prólogo de la primera. Ella, en su frente altiva sintió los tibios rayos del Sol mañanero en su cabeza, que mostraba un lucero blanco, esto la hacía mas coqueta a todavía.
Nada mas salir a la puerta de la clínica que sale todos los días anunciándose en televisión, aspiró el aire renovado de la mañana, hinchando las narices y alzando sus patas delanteras hacía arriba (las delanteras nada mas, las traseras no, por que sino menuda ostia se daría) alzó, como decía, las patas y exclamó con cara de esas que en cine se pretende sea una escena histórica (si, como la de Vivian Leith en "Lo que el viento se llevó", ya se que tú sabes mucho de cine) _ Que hermoso día para comenzar una nue… ¡Aashiiiss! !Aaaachiiisss!! y le entró un ataque de alergia primaveral que los mocos le salían como a los niños del parvulario, e incluso los cuernos se le estiraban del esfuerzo al estornudar, mas que cuernos parecían dos matasuegras de esas que te de dan en los cotillones _¡¡Aaachiiisss!! Cuerno tieso, cuerno, arrugado. La gente que pasaban por la acera decían; _ Que cosa mas curiosa ¿te has fijado en los cuernos de la cabra cuando estornuda? Y ella balbuceaba algo así como _aba no Abón oi abón. Con la voz nasal que ponía. La gente claro, no la entendía. Cambiaba de color su cara del rojo como la bombilla de un puticlub, pasaba al verde calabacín y de éste al lila berenjena. _¡Adentro! llevémosla adentro, que es de ahí, donde a salido la cabra y ella: _ ¡Abón oi abóooon! _¡La pobre!. Decían algunos que lo único hacia es estorbar en esa rebujiña, por que eran curiosos.
La cogieron entre un señor que repartía propaganda del Hipercor y el camarero del salón recreativo de una esquina (por que los salones recreativos, los de las maquinas tragaperras, son como los bancos siempre están en las esquinas)
_ ¡No! Aquí no entra, a la seguridasosiá. Decía impertérrime (que no se lo que significa, pero viste mucho) insistía el portero barrigón con camisa azul y con el botón del ombligo sin abrochar mostrando unos pelíllos bróncos. _¡He disho que a la segiridasociá, que aquí ¡No!
Y allí la llevaron a la cabra. Los celadores preguntaban al verla hinchada como un balón playero de la Nivea _¿Que le ha pasado a la cabra? Ella respondía histérica: _¡Abooón! Oi ¡Abooón onioo! _¿Ve usted? pues así por todo el camino._ Para mí, que es un ataque de alergia, con una complicación traumática de ascendencia intolerante a los ácaros, que le distorsiona la voz y le cambia la cara de colores. Dijo muy erudito el repartidor de propagandas, que se había leído los quince tomos del "EL medico en Casa" de Editorial Planeta. _Pues si, debe ser eso, sí, por que más que cabra parece un semáforo. Asintió el celador _ ¡Aboónnn e oi un aboooón! Mas histérica aún se removía la cabra en la camilla _ ¡Que te calles ya, coño! y para adentro. Le dijo el celador dándole un manotazo en la cornamenta.
Cuatro anti estamínicos le pusieron y un rollo industrial de papel higiénico, para los mocos, le dieron en Urgencias. Cuando ya se puso mejor, el médico le preguntaba _¿Por que esa perra con la palabra abón? Intrigado el médico la miraba esperando respuesta. _Por que ya no soy cabra, ¡soy cabrón! ¿O no se me ve? le aclaró con una voz ¡que no parecía ni misma oye!_Ha es verdad, ¡anda que tonto!, yo es que, como de eso no entiendo, pues…Se disculpaba el galeno.
Ya en casa la familia la recibieron, digo lo recibieron, muy bien. El vecindario comentaba eso de la cabra, que ahora es cabrón, era muy curioso y traía a muchos periodistas _ Macho Cabrío, señores y señoras. Saltó un señor con gafas de armazón de concha, parecía salido de un retrato en blanco y negro. _La palabra cabrón, señores míos, es peyorativa, un insulto que suele decirse a los hombres, cuyo significado, me reservo, por que hay niños delante. Dijo el hombre recién salido del retrato. _¡Coño! que bien habla el viejo este. Dijo un niño, que estaba allí comiéndose una palmera de chocolate, en vez de estar en el colegio.
Cuando en casa supieron que ya no tenía dinero el macho cabrío ¡uff la que se montó! La cogieron en volandas y la tiraron escaleras abajo _¡Ala! ¿A ver quien te aguanta los pedos que te tiras ¡so guarra! ¿ y quien te recoge ahora las cagarrutas? ¡Asquerosa! Pero ella, no se amedrentó y muy digna levantó la cabeza caminando avenida abajo, sin volver la vista atrás ¡joder que bonito me ha salido! pensando en sus cosas cruzó la carretera antes de llegar al semáforo. Un estruendoso ruido de frenos y un ¡Cataplaff! Seco se oyó, las gentes corrieron y vieron debajo de la camioneta de reparto de Panrrico, a la cabra, digo al cabrón o al macho cabrío, todo despanzurrado y que ya no era más que un cadáver de animal, el pobre o la pobre ¡o lo que fuese!, terminó en el crematorio municipal.
La gente del barrio al enterarse, pues la noticia corrió como la pólvora (¿Dónde habré yo oído esta frase?) fueron al bloque donde vivía Agapito, para darle el pésame ¿el pésame? ¡ja! Con el choteo que tenían en ese barrio, le cantaron de bajo del balcón:
La cabra, la cabra, la puta de la cabra.
¡La madre que la parió!
Yo tenia una cabra.
Y la muy cabrona se murió.
Un coro, que cada vez más se hacía mas grande, seguía cantando. Hasta que los municipales llegaron y los dispersó.¡Ea! se acabo el cuento de la cabra.